El lipomodelado, también llamado lipoestructura o lipofilling, es una transferencia de grasa.
Pregunta frecuente
A día de hoy no existe ningún elemento probatorio que permita pensar que la transferencia de grasa pueda favorecer la aparición de un cáncer de mama. Sin embargo, no impedirá su aparición si esta tuviera que producirse. La paciente tiene su propio riesgo de desarrollar cáncer de mama, que depende especialmente de su edad, de sus antecedentes familiares y de su densidad mamaria. Debe comprender asimismo que se deben tomar todas las precauciones para limitar el riesgo de coincidencia entre la aparición de un cáncer y el lipomodelado (evaluación rigurosa previa a la intervención por un radiólogo especializado en imagen mamaria; control riguroso al año y luego repetido a los 2 años, e incluso a los 3 años). En este sentido, la paciente que solicita un lipomodelado de las mamas se compromete a realizarse el estudio preoperatorio de imagen mamaria (mamografía, ecografía) y, sobre todo, se compromete a realizarse las pruebas de referencia (mamografía, ecografía) al 1.º, 2.º e incluso 3.º año según las recomendaciones del radiólogo especializado.
Indicaciones
Esta técnica solo responde a indicaciones precisas y requiere que la paciente disponga de reservas de grasa suficientes para permitir una extracción en buenas condiciones. Por tanto, las pacientes muy, muy delgadas no son buenas candidatas para esta técnica. Puede responder a las expectativas de una paciente que desee un aumento moderado del volumen mamario o que quiera recuperar un contorno más armonioso en una mama «vacía» (tras adelgazamiento, embarazo, lactancia). Esta técnica presenta dos ventajas principales: – permite un aumento del volumen mamario, moderado, pero completamente natural, sin cuerpo extraño y sin dar el aspecto de una mama artificial – permite tratar al mismo tiempo los posibles acúmulos grasos localizados y desarmoniosos (zonas de extracción de la grasa). Como antes de cualquier cirugía mamaria, el cirujano debe realizar una exploración clínica de la glándula mamaria para detectar un proceso patológico. Es necesario realizar pruebas complementarias específicas de la mama (mamografía y/o ecografía mamaria, e incluso RM si es preciso) con el fin de detectar cualquier anomalía sospechosa que requiera la valoración adicional de un médico senólogo cualificado y que contraindicaría temporalmente la intervención de lipomodelado mamario. Si se toman todas estas precauciones, la intervención puede plantearse con serenidad y sin segundas intenciones. Cuando la intervención tiene un fin exclusivamente estético, no está cubierta por el seguro de salud. En cirugía reparadora de la mama, por el contrario, el seguro de salud participa en la cobertura de las malformaciones o deformidades mamarias, que pueden ser congénitas (genéticas o familiares), provocadas por traumatismos (quemaduras, accidentes) o aparecer sin explicación actualmente conocida (síndrome de Poland, mamas tuberosas, pectus excavatum, …).
Antes de la intervención
El plan terapéutico se elabora conjuntamente entre la paciente y el cirujano. En particular, se abordarán el beneficio estético esperado, los límites de la técnica en cuanto a ganancia de volumen, así como las ventajas, inconvenientes y contraindicaciones. Se realiza un estudio minucioso, clínico y fotográfico. – Una evaluación radiológica precisa la realiza un radiólogo especializado en imagen mamaria y conocedor de las particularidades radiológicas de las mamas que han recibido lipomodelado. Si es posible, será ese mismo radiólogo quien realice las pruebas de referencia que es necesario efectuar a distancia de la intervención. – Se realiza la evaluación preoperatoria habitual conforme a las prescripciones. – La consulta con el médico anestesista tendrá lugar, como muy tarde, 48 horas antes de la intervención. – No deberá tomarse ningún medicamento que contenga aspirina ni un antiinflamatorio en los 15 días previos a la intervención.
Principios
El lipomodelado de las mamas se realiza habitualmente con anestesia general, ya que varios sitios anatómicos se tratan en el mismo tiempo quirúrgico: – las zonas de extracción (por ejemplo: nalgas, caderas, abdomen o cartucheras, cara interna de los muslos, rodillas) – las mamas.
Cada cirujano adopta una técnica propia que adapta a cada caso para obtener los mejores resultados. No obstante, pueden recordarse unos principios básicos comunes. La elección de las zonas de extracción también depende de la cantidad de grasa considerada necesaria y de los sitios disponibles. La obtención del tejido graso se realiza de forma atraumática, mediante pequeñas incisiones con una fina cánula de aspiración. A continuación, la grasa recogida se centrifuga para separar las células grasas intactas que serán injertadas. La transferencia del tejido graso se realiza con microcánulas y mediante una técnica muy específica y delicada para «traumatizar lo menos posible» este injerto de células vivas (cuya tasa de prendimiento se estima entre el 40 y el 70 % según las pacientes). La duración de la intervención depende del número de sitios donantes, de la cantidad de grasa a transferir y de un eventual cambio de posición durante la intervención («posición en decúbito prono y/o supino de la paciente»). Puede variar de 1 hora a varias horas según los casos.
El postoperatorio
El dolor es por lo general moderado, aunque puede ser transitoriamente bastante acusado en las zonas de extracción. Se produce una inflamación de los tejidos (edema) en las zonas de extracción y en las mamas, que aparecerá progresivamente y, por lo general, tardará de 1 a 3 meses en resolverse. Aparecen equimosis (moratones) en las primeras horas en las zonas de extracción de grasa: se resuelven en un plazo de 10 a 20 días tras la intervención. Puede notarse cierto cansancio durante 2-3 semanas, sobre todo en caso de extracción grasa y de liposucción importante. Tras la resolución del edema y las equimosis, el resultado comienza a apreciarse en un plazo de 2-3 meses después de la intervención.
El resultado
Se valora a los 4-6 meses tras la intervención. Suele ser satisfactorio siempre que la indicación y la técnica hayan sido correctas: las mamas operadas presentan por lo general un mayor volumen y un contorno más armonioso. La silueta también mejora gracias a la liposucción de las zonas de extracción (caderas, abdomen, cartucheras, rodillas). Se puede plantear una segunda sesión de lipomodelado unos meses más tarde si fuera necesario (y si es posible en función de las zonas donantes de grasa), con el fin de aumentar aún más el volumen de las mamas o mejorar su forma. En la medida en que el injerto de células grasas prenda, estas células permanecerán vivas. El lipomodelado es, por tanto, una técnica definitiva, puesto que los adipocitos injertados vivirán tanto como los tejidos que los rodean. Ahora bien, la evolución de estas células grasas depende de la adiposidad de la paciente (si adelgaza, el volumen aportado disminuirá). El envejecimiento normal de las mamas no se detiene y su aspecto se modificará de forma natural con el tiempo.
Complicaciones
El lipomodelado de las mamas, aunque se realice por motivos esencialmente estéticos, no deja de ser una verdadera intervención quirúrgica, lo que implica los riesgos asociados a todo acto quirúrgico, por mínimo que sea. Se realizará una consulta con un médico anestesista antes de la intervención para minimizarlos al máximo. Al elegir a un Cirujano Plástico cualificado y competente, formado en este tipo de intervención, usted reduce al máximo los riesgos, aunque no los elimina por completo. En realidad, las verdaderas complicaciones son raras tras un lipomodelado de calidad: se requiere gran rigor en la indicación y en la realización quirúrgica para garantizar, en la práctica, una prevención eficaz y real. La infección se previene normalmente mediante la prescripción de duchas antisépticas a realizar en domicilio antes de la operación. Un neumotórax (= traumatismo torácico) puede producirse de forma muy, muy excepcional y, si es importante, debe tratarse específicamente (drenaje). Una lesión de los órganos intratorácicos subyacentes (corazón, vasos) es teóricamente posible, pero nunca se ha constatado en el marco de una práctica normal realizada por un cirujano formado en esta técnica. Zonas más firmes (denominadas esteatonecrosis) pueden aparecer de forma infrecuente; son «induraciones locales» debidas a la «cicatrización» de las mamas. EL TABACO ES UN FACTOR DE MALA CICATRIZACIÓN. Por lo tanto, deberá dejar de fumar o reducirlo de forma marcada si desea que «la grasa injertada en su pecho no se reabsorba». Puesto que el tejido graso transferido permanece vivo, está naturalmente sometido a las variaciones de peso. En caso de adelgazamiento importante, el volumen de las mamas disminuirá. A contrario, en caso de aumento de peso importante, las mamas pueden aumentar de volumen. Se recomienda, por tanto, cierta estabilidad ponderal para mantener la estabilidad del resultado. En resumen, no conviene sobrevalorar los riesgos, sino tomar conciencia de que toda intervención quirúrgica conlleva siempre una pequeña parte de incertidumbre. Acudir a un Cirujano Plástico cualificado, formado en este tipo de intervenciones, le garantiza que dispone de la formación y la competencia necesarias para evitar en lo posible estas complicaciones y, si aparecieran, tratarlas con eficacia.
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